En pocos días estará disponible también para Iphone.
Totalmente gratuita.

Monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz.






          LA TRANSFIGURACIÓN.




         El día 23 de febrero y gracias a un esfuerzo económico de la parroquia , salieron del archivo parroquial camino a Las Palmas de G.C.

51 libros entre los que se encuentran todos los de bautismo de 1601 a 1935, los de matrimonio de 1602 a 1940 y los de defunciones de 1670 a 1930, con el fin de ser digitalizados y poder conservar el patrimonio documental.

          La operación puede durar un mínimo de dos meses. En ese tiempo el archivo estará cerrado a investigadores aunque seguirá prestando el resto de sus servicios los miércoles y viernes de 9 a 12:30.



Fotos realizadas por 
parroquias de Arinaga.





Mientras la vida corre frenéticamente y nos lleva, a nuestro lado miles y millones de vidas también hacen la carrera con nosotros. 





El hombre es curioso por naturaleza. Queremos saber, no sólo cuando somos niños, sino también cuando las canas van cubriendo nuestras cabezas. Uno de los temas que más nos apasiona es descubrir el origen de la vida.

¿Por qué surgió la vida? Las teorías son muchas. Para algunos, todo se debe a la casualidad. Se juntaron unas estructuras con otras, un rayo de sol calentó la mezcla y... “¡milagro!” Perdón, “¡casualidad!” Apareció una cadena compleja, que, con el pasar de los meses, años, milenios, y otros rayos y “casualidades”, permitió la aparición de los primeros organismos precelulares. Y un día la tierra se estremeció de emoción, cuando la primera célula empezó a navegar en un mar de energía y de fuerzas cósmicas...

Otros creen que detrás del origen de la vida hay un diseño, un plan, un proyecto. Desde luego, si se habla de un proyecto, alguno tuvo que haber establecido el plan de fabricación. ¿A quién se le pudo ocurrir poner vida en la tierra? Y, si alguien de fuera inició está aventura que nos sorprende todos los días, ¿por qué lo hizo?

Muchos ya estarán pensando que ese ser proyectista es Dios, y que organizó el mundo por amor. Algunos quizá digan que la vida inició en la tierra gracias a algún extraterrestre, es decir, gracias a algún ser sumamente inteligente que se puso a jugar con los elementos de la tierra, puso la vida en marcha y nos dejó aquí, con todo el “jaleo” montado (al menos en sus inicios...). Pero entonces, con esta hipótesis, lo único que hacemos es posponer la pregunta: ¿quién “hizo” al extraterrestre? Otra vez se asoma el nombre de Dios como respuesta.

Otros renuncian a buscar, es decir, dejan la curiosidad para mejores momentos. De este modo prescinden de una parte importante de sí mismos, ese deseo de saber que inquieta a cada uno cuando las estrellas aparecen sobre nuestras cabezas o cuando una abeja llena las cestillas de sus patas con un buen cargamento de polen... La verdad es que no tiene mucho sentido nacer, llorar, comer, jugar, pisar las flores y perseguir palomas si no comprendemos exactamente qué es eso de la vida y por qué vivimos y morimos en un planeta que gira sin cansarse y en el que cabemos millones y millones de animales y plantas, hombres y bacterias, tiburones y cangrejos...

Otros quizá todavía no han empezado a ponerse la pregunta. Desde que nacieron todo era claro. Había que comer deprisa, estudiar rápido, jugar, jugar y jugar, y luego... ¿Luego? Buscar un trabajo, casarse, tener hijos, jubilarse, tener nietos, y... ¿y después qué?

Mientras la vida corre frenéticamente y nos lleva, nos arrastra, casi sin quererlo, a nuestro lado miles y millones de vidas también hacen la carrera con nosotros. Virus y amebas, serpientes y coyotes, niños con el estómago vacío y niños que necesitan hacer dieta de adelgazamiento. Miles de realidades pasean ante nuestros ojos, casi con tal velocidad que apenas sí podemos enterarnos de lo que está ocurriendo. Cuando creíamos haber comprendido una parte del misterio de la vida, llegará quizá el momento de la muerte y nos tocará volar allá donde los ángeles no tienen relojes y donde los hombres ya no saben lo que es odio.

Nos llena de asombro el poder vivir unos días, meses o años en este planeta de tantas sorpresas y misterios. Es más curioso que algunos vivan convencidos de que lo saben ya todo, cuando ni siquiera podemos comprender bien por qué ruge, de vez en cuando, nuestro estómago.

Así, mientras el mundo corre hacia la globalización, mientras la ciencia crece en sus descubrimientos, y mientras los políticos deciden cómo incrementar las fuentes de energía, una niña de 14 meses contempla un pétalo de geranio en el suelo y nos mira con los ojos sonrientes. Nos dice, con sus ojos limpios, que acaba de descubrir la cosa más hermosa del planeta.

La vida es un misterio. Cuando se corran los telones tras la muerte, entenderemos un poco lo que pasó. Quizá sólo entonces despertemos. Y el abrazo de un Dios bueno será el premio de los que aquí descubrieron las huellas dactilares de sus manos en cada uno de los vivientes y, de un modo muy especial, en cada hombre y mujer que ahora vive, llora, ama y sufre a nuestro lado...Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
 

En los períodos bajos, cuando nuestro mundo interior está frío y gris, cualquier pequeña tentación tiende a ocupar toda la mente .






— Ser generoso en el diálogo con Dios supone una lucha constante durante toda la vida. ¿No es un poco extenuante ese planteamiento?
Todas las personas tienen que luchar y esforzarse por ser cada día mejores. Quienes lo hacen, alcanzan mucha más satisfacción y felicidad en sus vidas. En cambio, quienes se abandonan y eluden la lucha personal por mejorar, acaban teniendo que luchar más todavía por defender sus apegos y miserias, a pesar de que muchas veces son bajezas que les avergüenzan. En ese sentido, podría decirse que luchar es un descanso, pues, al menos a largo plazo, la virtud alivia y el vicio en cambio no satisface, sino que es como una droga, que crea adicción, que cada vez exige más y da menos. Hay que contar con el esfuerzo, con la lucha, con la cruz del Señor. El que no cuenta con la cruz, se la encuentra de todos modos, y entonces, además, encuentra en la cruz la desesperación. En cambio, cuando contamos con ella, aunque puedan venir momentos difíciles, estamos mucho más felices y seguros.
Quiero con esto decir que no debe tenerse una imagen negativa de la lucha ascética o de la entrega a Dios. Estar en buena forma física supone un esfuerzo, pero esa misma buena forma hace que cada vez esos esfuerzos sean menores. Y de manera semejante podría decirse que cuidar el espíritu hace que cada vez nos cueste menos el camino de la virtud.
— Pero a veces vienen momentos malos en que no es así
Es cierto. Igual que podemos estar en buena forma física pero, en determinado momento, pasar por una etapa peor, o por una enfermedad, o una lesión. Pero eso no quita lo anterior.

La vida tiene momentos de euforia y otros de abatimiento (a veces, dentro de un mismo día), y hemos de saber sobreponernos a los efectos negativos de esos ciclos del estado de ánimo. Esos malos momentos pueden provenir de que Dios ha permitido una etapa de sequedad interior, sin culpa nuestra, por motivos que Él bien sabrá (purificarnos, mejorar nuestra rectitud de intención, hacernos partícipes de su cruz); o pueden provenir de nuestro descuido personal, porque estamos eludiendo el esfuerzo necesario por mejorar.
A esto último se refería Santa Teresa, al rememorar una larga etapa de desasosiego interior, provocado precisamente por eludir lo que Dios le pedía: "Pasaba una vida trabajosísima... Por una parte me llamaba Dios; por otra yo seguía lo mundano. Dábanme gran contento las cosas de Dios; teníanme atada las mundanas. Paréceme que quería concertar estos dos contrarios, tan enemigos uno de otro, como es vida espiritual y contentos y gustos y pasatiempos mundanos. (...) Pasé en este mar tempestuoso casi veinte años... Sé decir que es una de las vidas más penosas que me parece se puede imaginar: porque ni yo gozaba de Dios, ni traía contento con lo mundano. Cuando estaba en los contentos mundanos, en acordarme de lo que debía a Dios, era con pena; cuando estaba con Dios, las afecciones mundanas me desasosegaban. Ello es una guerra tan penosa, que no sé cómo un mes la pude sufrir, cuanto más tantos años."
— Pero, aunque te decidas a ser más generoso, vendrán esos días malos en los que costará mucho ser leal a la palabra dada a Dios
En nuestra vida tendremos muchas ocasiones de no ser leales, pero en esas ocasiones es precisamente donde se prueba nuestro amor a Dios. La lealtad, la fidelidad de una persona, se demuestra sobre todo ante las situaciones difíciles, cuando lo bueno se presenta rodeado de inconvenientes y lo malo nos atrae mucho. La honradez se demuestra, por ejemplo, cuando a uno le intentan sobornar y necesita mucho ese dinero, la fidelidad conyugal cuando se presenta una solicitación, y la valentía cuando los demás están asustados. La virtud se reconoce cuando es capaz de obrar en la adversidad.
— Eso suena un poco a tener que fastidiarse porque has dado antes tu palabra
Puede verse así, como si fuera una simple obligación consecuencia de un contrato, pero eso es vaciar de contenido un compromiso de amor. Porque el compromiso vocacional es un compromiso de amor (igual que el matrimonio no es un simple contrato, aunque haya un contrato). Ser llamado por Dios es una gran suerte. Es estar entre ese grupo de discípulos que seguían más de cerca al Señor, porque Él llamaba a la santidad a todos, pero a esos de un modo especial.
Y aunque pueda haber momentos en que la fidelidad se sostenga por un simple sentimiento de lealtad a la palabra dada, eso no quita mérito –al contrario– ni eficacia a esa fidelidad. Sabemos por ejemplo, que Santa Teresa, una gran santa, pasó muchos años en los que decía que le parecía como si Dios no existiese, y sin embargo ha sido guía y modelo para infinidad de personas, porque fue leal a Dios. Y la Madre Teresa de Calcuta, como ya hemos comentado, pasó también por largos años de oscuridad interior, y su fidelidad en la oscuridad ha llenado de luz a millones de almas.
— Entonces, ¿qué recomiendas para los altibajos de ánimo, para los momentos de bajón?
En los períodos bajos, cuando nuestro mundo interior está frío y gris, cualquier pequeña tentación tiende a ocupar toda la mente y adquiere un peso desproporcionado. Entonces, es fácil engañarse pensando que nuestro entusiasmo de los inicios de la conversión o de la vocación tendrían que haberse mantenido siempre. O nos creemos que la aridez actual será una situación igualmente permanente y nos amargará la existencia. Si esa idea se fija en la mente, dejamos el campo abierto a la desesperanza, o a un voluntarismo que se empeña en recobrar los viejos sentimientos de entusiasmo por pura fuerza de voluntad, cosa siempre agotadora. O llegamos al convencimiento de que los primeros entusiasmos habían sido un ingenuo acceso juvenil que el tiempo está poniendo en su sitio, y que en realidad todo ha sido una "fase" de la vida que ya ha pasado.
— Pero es que algo de eso puede ser cierto
Indudablemente. Pero si aplicas ese planteamiento a cualquier meta o logro que una persona se haya planteado, y lo haces cuando está pasando por un momento bajo, no hay meta de largo alcance que pueda lograrse, pues siempre hay momentos malos, y la perseverancia y la fidelidad dependen precisamente de la capacidad de superarlos. "Para construir la propia vida –explicaba Benedicto XVI–, nuestro futuro exige también la paciencia y el sufrimiento. La Cruz no puede faltar en la vida de los jóvenes, y dar a entender esto no es fácil. El montañero sabe que para hacer una buena experiencia de escalada tendrá que afrontar sacrificios y entrenarse, así también el joven tiene que entender que en la escalada al futuro de la vida es necesario el ejercicio de una vida interior. "
Por: Alfonso Aguiló | Fuente: Fluvium.org
 

¿Valoramos este sacramento? ¿Reconocemos que viene de Cristo?




Puede ocurrir que en corazones católicos haya más preocupación por el fútbol, por la marcha de la bolsa, por los accidentes de tráfico, por las obras que crean desorden en la propia ciudad, por la muerte de un famoso actor de cine, y por muchos otros temas... que por la confesión.

Cine, fútbol, economía, tráfico, obras públicas: son argumentos que tocan nuestra vida, que interesan a unos más y a otros menos, que incluso exigen una reflexión seria a la luz de los auténticos principios éticos.

Pero para el cristiano un tema central, decisivo, del cual depende la vida eterna de miles y miles de personas, es el de la confesión.

Porque el sacramento de la penitencia, o confesión, es un encuentro que permite a Dios derramar su misericordia en el corazón arrepentido. Se trata, por lo tanto, de la medicina más profunda, más completa, más necesaria para todo ser humano que ha sido herido por la desgracia del pecado.

Por eso, precisamente por eso, la confesión debe ocupar un puesto muy importante en las reflexiones de los bautizados. ¿Valoramos este sacramento? ¿Reconocemos que viene de Cristo? ¿Apreciamos la doctrina de la Iglesia católica sobre la confesión? ¿Conocemos sus “etapas”, los actos que corresponden al penitente, la labor que debe realizar el sacerdote confesor?

San Juan María Vianney sabía muy bien, después de miles y miles de confesiones, lo que ocurría en este magnífico sacramento, por lo que pudo decir: “No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él”.

Uno de los objetivos del Año sacerdotal (2009-2010) convocado por el Papa Benedicto XVI era precisamente promover entre los sacerdotes un mayor aprecio por este sacramento, para que dedicasen más tiempo al mismo, y acogiesen a los penitentes con competencia y entusiasmo, desde la identificación con el mismo Corazón de Cristo que busca cada una de sus ovejas, que desea celebrar una gran fiesta por la conversión de cada pecador (cf. Jn 10; Lc 15).

La crisis que ha llevado en muchos lugares al abandono de este importante sacramento ha de ser superada, lo cual exige que los sacerdotes “se dediquen generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales; que guíen el rebaño con valentía, para que no se acomode a la mentalidad de este mundo (cf. Rm 12,2), sino que también sepa tomar decisiones contracorriente, evitando acomodamientos o componendas” (Benedicto XVI, 11 de marzo de 2010).

En este día, miles de personas se presentarán ante el tribunal de Dios. ¿Qué mejor manera de prepararse al encuentro con un Dios que es Amor que hacerlo a través de una buena confesión?

También en este día, miles de personas sucumbirán al mal; dejarán que la avaricia, la soberbia, la pereza, les ciegue; actuarán desde odios o envidias muy profundas; acogerán las caricias engañosas de las pasiones de la carne o de la gula desenfrenada. ¿Qué mejor remedio para borrar el pecado en la propia vida y para reemprender la lucha cristiana hacia el bien que una confesión sincera, concreta, valiente y llena de esperanza en la misericordia divina?

Si los católicos damos, de verdad, a nuestra fe el lugar que merece en la propia vida, dejaremos de lado gustos, pasatiempos o incluso algunas ocupaciones sanas y buenas, para encontrar ese momento irrenunciable que nos lleva al encuentro con Alguien que nos espera y nos ama.

Dios perdona, si se lo pedimos con la humildad de un pecador arrepentido (cf. Lc 18,13). En la sencillez de una cita envuelta por el misterio de la gracia, un sacerdote dirá entonces palabras que tienen el poder que sólo Dios le ha dado: tus pecados quedan perdonados, vete en paz.Por: P. Fernando Pascual L.C. | Fuente: Catholic net

Monseñor Pedro Agustín Rivera Díaz.










EL SANTO PADRE SIEMPRE NOS SORPRENDE...








No es el comer o el ayunar lo que importa: lo que hace verdadero el ayuno es el espíritu con que se come o se ayuna

Los criterios inmediatistas y eficientistas poco a poco han invadido nuestra cultura. El máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo, la inmolación del esfuerzo, del tiempo, de valores profundos y hasta de afectos vitales en vistas a un objetivo de corta duración que se presenta como plenificante en lo social o económico. De esta filosofía de vida, casi aceptada universalmente, no está exenta la vida de fe de los cristianos. Si bien la fe del discípulo se afianza y crece en el encuentro con Jesús vivo, que llega a todos los rincones de la vida y se nutre en la experiencia de ponerse de cara al evangelio para vivirlo como buena noticia que ilumina el andar cotidiano, podemos correr el riesgo de mirarlo de “reojo” y quedarnos sólo con una parte.

Hace algunos domingos, después de pronunciar el Sermón del Monte, Jesús nos dijo “para que vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos”. Frente a esta palabra tan determinante podemos conformarnos con hacer algunas buenas obras y darnos por satisfechos. La propuesta del Señor es más ambiciosa. Nos propone un obrar “desde la bondad” que tiene su raíz en la fuerza del Espíritu que se derrama dinámicamente como don de amor para todo nuestro vivir. No se trata solamente de hacer obras buenas, se trata de obrar con bondad. Estamos en la puerta de la cuaresma y la tentación que podemos tener es la de reducirla a ciertas buenas prácticas que finalizan en la pascua, desperdiciando el caudal de gracia que puede significar este tiempo de conversión para toda nuestra vida.

Nuestro ayuno cuaresmal puede ser rutinario y llegar a ser un gesto maniqueo más que profético consistente en «cerrar la boca», porque la materia y los alimentos son impuros: cuando el ayuno que Dios quiere es partir el propio pan con el hambriento; privarnos no sólo de lo superfluo, sino aún de lo necesario para ayudar al los que tienen menos; dar trabajo al que no lo tiene curar a los que están enfermos en su cuerpo o en su espíritu; hacernos cargo de los que sufren el azote de la droga o ayudar a prevenir la caída de tantos; el denunciar toda injusticia; el trabajar para que tantos, especialmente chicos en la calle, dejen de ser el paisaje habitual; el dar amor al que está solo y no sólo al que se nos acerca.

No creamos que es el comer o el ayunar lo que importa. Lo que hace verdadero el ayuno es el espíritu con que se come o se ayuna. Si pasar hambre fuera una bendición, serían benditos todos los hambrientos de la tierra y no tendríamos porque preocuparnos. «Ningún acto de virtud puede ser grande si de él no se sigue también provecho para los otros... Así pues, por más que te pases el día en ayunas, por más que duermas sobre el duro suelo, y comas ceniza, y suspires continuamente, si no haces bien a otros, no haces nada grande».San Juan Crisóstomo

Jesús ayunó según la tradición de su pueblo pero también compartió la mesa de ricos y pobres, de los justos y pecadores. (Mt. ll,l9).

Ayunemos desde la solidaridad concreta como manifestación visible de la caridad de Cristo en nuestra vida. Así tiene sentido nuestro ayuno como gesto profético y acción eficaz. Así cobra sentido nuestro ayunar para que otros no ayunen. Ayunar es amar.

Necesitamos vivir la profundidad de no darle tanta importancia a la comida de la que nos privamos sino a la comida que posibilitamos a un hambriento con nuestras privaciones. Que nuestro ayuno voluntario sea el que impida tantos ayunos obligados de los pobres. Ayunar para que nadie tenga que ayunar a la fuerza.

Iniciando la cuaresma, benditos sean estos cuarenta días si nos entrenan el corazón en la actitud permanente de partir y repartir nuestro pan y nuestra vida con los más necesitados. Nuestro ayuno no puede ser dádiva ocasional sino una invitación a crecer en la libertad por la cual experimentamos que no es más feliz el que más tiene, sino el que más comparte porque ha entrado en la dinámica del amor gratuito de Dios.

Estamos en un tiempo marcado por la misión, no como gesto extraordinario sino como un modo de ser Iglesia en Buenos Aires. Cada gesto pastoral deseamos que no se agote en sí mismo sino que marque una brecha, genere una actitud que permanezca. En esta línea, queremos que el gesto solidario de cuaresma que realizamos desde hace ya varios años, nos permita rubricar el anuncio de la buena noticia, de que por el bautismo somos una familia que siente y vive como propias las angustias y dolores de todos, y todos los días del año.

Quiero agradecerles todo lo que se ha podido realizar a través de los gestos solidarios de los años anteriores y los animo a que la caridad viva sea el signo que acredite nuestras palabras de anuncio del Reino.

Que Dios los bendiga y le regale una Santa Cuaresma vivida den el amor de Dios por su pueblo.
Cardenal Jorge Mario Bergoglio S.J., 10 de marzo de 2011.(S.S.Francisco)
Fuente: www.arzbaires.org.ar 



Nos volvemos a reunir el arciprestazgo de Agüimes para

preparar con las parroquias de Ingenio y Agüimes el

tiempo  cuaresmal.


SERÁ EL PRÓXIMO VIERNES,DÍA 20 DE FEBRERO

A LAS OCHO DE LA TARDE EN PLAYA DE ARINAGA.
Ya está disponible en el reproductor de música de la página web, una selección de canciones propias de este tiempo fuerte de la iglesia...
La Cuaresma.
Esperando que le sirva para la oración y reflexión en este tiempo tan especial de                                          conversión.

A la vez les informamos del material de cuaresma para jóvenes y adultos.
Meditaciones para cada semana,Vía Crucis para niños y adultos,comentarios al evangelio etc...



"QUE LA RAZÓN NO TUERZA EL CORAZÓN"                



Rvo. Don Salvador Gomez González


Unos diez sacerdotes de la diócesis de Tenerife están de convivencia en Gran Canaria, el día 16 de febrero han celebrado la eucaristía en nuestra parroquia.


Nuestro agradecimiento más profundo y nos unimos en la oración con ellos,para que, puedan tener un ministerio de entrega a los demás como lo hizo Nuestro Señor Jesucristo.




ORACIÓN POR LOS SACERDOTES Y VOCACIONES:
Oh Jesús, Salvador mío, Tú que confiaste a los sacerdotes, -y solamente a ellos-, el poder de celebrar la Eucaristía, fin principal de su ordenación sacerdotal, perdonar los pecados, administrar otros Sacramentos, predicar con autoridad la Palabra de Dios y dirigir a los demás fieles a mirar y a subir hacia Ti, por medio de tu Santísima Madre, te ofrezco para la santificación de los sacerdotes y seminaristas, durante este día, todas mis oraciones, trabajos y alegrías, mis sacrificios y sufrimientos. 
Danos, Señor, sacerdotes verdaderamente santos que, inflamados del fuego de Tu amor, no procuren otra cosa que Tu gloria y la salvación de aquellos a los que Tú encomendaste. Amén.

















CUARESMA
      El próximo miércoles, iniciamos el tiempo de CUARESMA. Lo hacemos con  el rito de la Imposición de la Ceniza. Recordamos con este gesto a los antiguos penitentes que apostaban por un cambio de vida.
 Nuestra celebración será
Día: miércoles, 18 de febrero, Eucaristía con el Rito de la Ceniza.
Hora: 7 de la tarde
Lugar: Iglesia Parroquial
LA CUARESMA: “UNA OPORTUNIDAD”
    En todas las actividades de la vida diaria, hay épocas en las cuales intensificamos lo que hacernos de ordinario para salir de la rutina. Para esto iniciamos este tiempo. La cuaresma nos invita a renovar, a cambiar nuestra vida y a intensificar nuestra relación con el Señor.
  Hoy, con este rito de la imposición de la ceniza, te invitamos a iniciar un camino de conversión y a vivir de acuerdo con el evangelio con estas palabras: “CONVIERTETE Y VIVE EL EVANGELIO”
¡Vive esta cuaresma con el deseo que sea una nueva oportunidad en tu vida!
     Para conseguirlo intenta:
-         reconciliarte con quien estás enemistado.
-         arrancar rencores que amargan tu vida
-         dedicar unos minutos cada día a leer el evangelio intentando descubrir cómo llevarlo a la vida.
-         ilusionarte pensando que tú puedes cambiar, vivir mejor, ser más feliz.
-         abstenerte de hacer gastos superfluos y compartir.
-         no hacer críticas y juicios destructivos.
-         hacer todo gesto que conduce a la paz
-         contagiar  alegría e ilusión en la vida de los demás
-         sustituir un rato de televisión por un rato de oración.
-         celebrar el Sacramento de la Penitencia para vivir la alegría del amor de Dios y tener la garantía de su perdón.
Rvo.Don Miguel A Lantigua Barrera.(Párroco de Agüimes)



"El milagro de las rodillas"






Rvo. Don Salvador Gomez González.                      







Domingo VI Ciclo B. Mc 1,40-45 Curación de un leproso.




Aprende a llevar tu cruz.

Precioso vídeo ilustrativo que nos viene muy bien en este tiempo de Cuaresma que se acerca.







"DIOS NOS PERDONA"


El jueves 12 de febrero los niños  que se están preparando para recibir la comunión celebraron junto al párroco y sus catequistas la celebración de la penitencia...
Los niños experimentaron que creen en un Dios misericordioso que perdona todo aquello donde fallamos y nos da una oportunidad para cambiar.







La santidad se nos presenta como una zarza incombustible, imposible no sólo para nosotros, sino incluso para cualquiera que viva en nuestras circunstancias... 

Joseph Malegue -ese gran novelista cristiano que en España no ha sido ni siquiera traducido- dejó a medio escribir una novela cuyo título era el mismo que yo he puesto a este artículo. Y en ella -por los pocos fragmentos que se conocen- desarrollaba una idea ya varias veces apuntada en sus obras anteriores: que para profundizar en los fenómenos religiosos no hay que explorar sólo en el alma de los grandes santos, de los santos de primera, de los aristócratas de la santidad, sino que «las almas modestas contaban también; contaban además las clases medias de la santidad».

Nada más cierto. Porque tal vez estamos demasiado acostumbrados a trazar una distinción excesivamente neta entre la santidad y la mediocridad. A un lado estarían esas diez docenas de titanes del espíritu que tomaron el evangelio por donde más quemaba y realizaron una vida incandescente. Al otro estaríamos nosotros, los que vegetamos en el cristianismo.

Y ésta es una distinción, además de falsa, terriblemente desalentadora. Pensamos: como yo no tendré jamás el coraje de ser un Francisco de Asís, vamos a limitarnos a cumplir y a esperar que Dios nos meta al final en el cielo por la puerta de servicio. La santidad se nos presenta así como una zarza incombustible, imposible no sólo para nosotros, sino incluso para cualquiera que viva en nuestras circunstancias. Además, pensamos para agravar las cosas, los santos hacen milagros y nosotros ya tenemos bastante con no hacer pecados. La solución es la siesta.

Pero, si abrirnos con más atención los ojos, vemos que además de los santos de primera hay por el mundo algunos santos de segunda y bastantes de tercera. Esa buena gente que ama a Dios, esas personas que, cuando estarnos con ellas, nos dan el sentimiento casi físico de la presencia viva de Dios; almas sencillas, pero entregadas; normales, pero fidelísimas. Auténticas clases medias de la santidad.

Quien más, quien menos, todos hemos encontrado en el mundo dos o tres docenas de almas así. Y hemos sido felices de estar a su lado. Y hemos pensado que, con un poco más de esfuerzo, hasta nosotros podríamos parecemos un poco a ellas. Y sentirnos que este tipo de personas sostienen nuestra fe y que, en definitiva, en su sencillez, son una de las grandes señales de la presencia de Dios en la Iglesia.

Yo he conocido a muchos de estos santos de tercera o segunda -empezando por mis padres- a quienes no canonizaría. Incluso me daría un poco de risa imaginármelos con un arito en torno a la cabeza y ellos se pondrían muy colorados si alguien se lo colocara. Pero, sin embargo, me han parecido almas tan verdaderas, que en ellas he visto siempre reflejado lo que más me gusta de Dios: su humildad.

Creo que de esto se habla poco. Y, no obstante, yo creo que tiene razón Moeller cuando escribe que «el centro del cristianismo es el misterio de esta humildad de Dios». Es cierto: en el catecismo nos hablaron mucho del Dios todopoderoso y a veces llegamos a imaginarnos a un Dios soberbio, cuajado de pedrerías, actuando siempre a través de milagros y hablando con voz tonante. Pero la realidad es que, cuando Dios se hizo visible, todo fue humilde y sencillo. Se hizo simplemente un hombre a quien sus enemigos pudieron abofetear sin que sacara terribles relámpagos del cielo. Un Dios que es humilde en su revelación, hecha a través de textos también humildes, difíciles de interpretar, expuestos a tergiversaciones, mucho menos claros de los que escribiría un matemático perfeccionista. Un Dios humilde en su Iglesia, que no construyó como una elite de perfectos, sino como una esposa indefensa y mil veces equivocada, tartamudeante y armada con una modesta honda y unos pocos guijarros frente al Goliat del mundo. Humilde también en la tierra en que quiso nacer, en esa Palestina que ni es un prodigio de belleza física ni un paraíso de orden, una especie de Suiza del espíritu.
«El Señor de la gloria -escribe también Moeller- no ha querido ni el poder ni la nada, ni el trueno ni el silencio del abismo, pues el poder tiránico a la sombría nada son lo contrario del amor. El amor quiere la dulzura humilde y gratuita, no se defiende, ofrece de antemano su cuello a los verdugos y, sin embargo, es más poderoso que la muerte y mil torrentes de agua no podrán extinguir el fuego de la caridad. El amor quiere también la vida, la dulce vida; el amor da la vida y no la nada.»

Por eso a este Dios humilde le van muy bien los santos humildes y pequeños, los santos del aprobadillo. Y es una suerte que nos permite no desanimarnos a quienes tenemos un amor de hoguera (¡o de cerilla!) y jamás llegaremos a su amor de volcán.

Incluso el camino hacia Dios está muy bien hecho. Es como un monte al que hay que subir. Y tiene dos caminos: uno de cabras, que va en derechura desde la falda a la cima, escarpado, durísimo, empinadísimo, y un camino carretero, que sube también, pero en zig-zag, dando vueltas y vueltas en espiral hacia la cumbre.

Los santos, los verdaderos santos, suben por el de cabras, dejándose la piel en las esquinas de las rocas. Ellos lo dan todo de una vez, viven hora a hora en la tensión del amor perfecto.

Pero los demás temblamos ante ese camino. No porque no tengamos pulmones para ello -porque los santos no tienen mejor «madera» que nosotros, sino porque somos cobardes y le damos a Dios trozos de amor, guardándonos en el zurrón buenos pedazos de amor propio.

Naturalmente, a quien Dios le dé el coraje del camino de cabras, que San Pedro se lo bendiga y multiplique. Pero, en definitiva, lo que importa es subir, lo necesario es amar, aunque sea con un amor tartamudo. Y, entonces, bendito sea el camino carretero.

Con la ventaja, además, de que, en cada vuelta del camino, el camino carretero se cruza un momento con el de cabras: son esos instantes de verdadera santidad que todos, por fortuna, tenemos. Hay incluso veces en las que -sobre todo en la juventud- nos atrevemos a hacer algún trecho por la senda de cabras, aunque luego regrese la flojera y volvamos a tomar el camino en espiral. Bien, lo importante es seguir subiendo, seguir amando, aunque se haga mal.

Lo que no hay que olvidar es que, al final de la escalada, cuando ya se está cerca de la cima, los dos caminos, el carretero y el de cabras, desaparecen. Y entonces ya sólo queda la roca viva. Por la que sólo se puede subir con guía. 0 llevados en brazos. Como Dios nos llevará a todos en el último repechón que conduce al abrazo en la muerte.

Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para el amor 

¿Se puede mandar la alegría? Quizá podríamos responder que sí, si entendemos por alegría ese gozo de ser cristianos. 



Nos dejaría sorprendidos si alguien nos dijese: “te ordeno que seas alegre”. Porque la alegría no parece que caiga bajo ningún mandamiento. Porque, según parece, estar alegres, vivir en un gozo profundo, conseguir un estado de felicidad completa, se colocaría en un nivel que no depende de nuestras decisiones, propósitos o buenos deseos. Y si no depende de nuestra voluntad, tampoco podría ser mandado.

Sin embargo, en cierto sentido sí se puede “mandar” la alegría. San Pablo se atrevió a pedirlo con su pluma limpia, desde su escucha al Espíritu Santo. “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres” (Flp 4,4).

Jesucristo mismo, al final de las bienaventuranzas, nos dijo: “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos...” (Mt 5,12). O, como leemos en otro pasaje: “alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos” (Lc 10,20).

El mensaje cristiano es un mensaje de alegría. Es “Evangelio”, que significa “buena noticia” o “noticia alegre”. Es esperanza, es paz, es consuelo, es gozo profundo. Porque Dios ha entrado en la historia humana. Porque el demonio ha sido arrojado fuera. Porque la misericordia destruye el pecado. Porque el Hijo nos muestra el rostro del Padre. Porque la muerte ha sido derrotada. Porque el Señor tiene preparado un lugar para cada uno en el Reino de los cielos.

Necesitamos aprender a ver con alegría nuestra fe cristiana. Necesitamos presentarla con toda su belleza a los hombres. Lo recordaba en una de sus primeras entrevistas el Papa Benedicto XVI, poco antes de ir a Colonia para reunirse con los jóvenes de todo el mundo (agosto de 2005). A la pregunta ¿qué querría decir a los jóvenes? el Papa respondía:

“Quisiera mostrarles lo bonito que es ser cristianos, ya que existe la idea difundida de que los cristianos deban observar un inmenso número de mandamientos, prohibiciones, principios, etc, y que por lo tanto el cristianismo es, según esta idea, algo que cansa y oprime la vida y que se es más libre sin todos estos lastres. Quisiera en cambio resaltar que ser sostenidos por un gran Amor y por una revelación no es una carga, sino que son alas, y que es hermoso ser cristianos. Esta experiencia nos da amplitud, pero sobre todo nos da comunidad, el saber que, como cristianos, no estamos jamás solos: en primer lugar encontramos a Dios, que está siempre con nosotros; y después nosotros, entre nosotros, formamos siempre una gran comunidad, una comunidad en camino, que tiene un proyecto de futuro: todo esto hace que vivamos una vida que vale la pena vivir. El gozo de ser cristianos, que es también bello y justo creer”.

¿Se puede mandar la alegría? Quizá podríamos responder que sí, si entendemos por alegría ese “gozo de ser cristianos” que nace del mayor acto de “obediencia” que los hombres podemos hacer: la obediencia, llena de Amor, que nos permite acoger libremente al Hijo de Dios hecho Hombre por nosotros.

Acoger su Evangelio de esperanza y de misericordia, sentirlo presente y vivo en la Iglesia, recordar sus palabras desde la luz interior del Espíritu Santo, ¿no es una fuente de profunda alegría?

Podemos, por lo tanto, vivir alegres, darnos con gozo y sin miedos al Padre que nos ama, servir con entusiasmo a nuestro hermano. Vale la pena recordar siempre que “Dios ama al que da con alegría” (2Co 9,7) y que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch 20,35).

Entonces, sí se puede mandar la alegría. Porque también Dios nos ha mandado que le amemos desde su mismo Amor, desde su entrega plena, desde su Encarnación redentora, desde su Cruz humilde, desde una presencia callada y constante en su Iglesia. Amados y amantes, seremos felices, seremos dichosos, seremos perfectos como perfecto es nuestro Padre de los cielos.
Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
         
Ya ha dado comienzo los carnavales y queda muy poco para comenzar otro tiempo fuerte en la Iglesia como es la Cuaresma.
 Los jóvenes de Agüimes se implican mucho en las fiestas de nuestro pueblo pero con más relevancia en los carnavales. Es una pena que nuestra parroquia no estén también implicados los jóvenes de nuestra villa como en otras actividades del municipio, ya que, muchos de ellos son hijos de nuestra parroquia mediante el bautismo.
           Yo soy joven como ustedes y les quiero decir
una cosa, merece la pena estar cerca de Dios al igual que es bueno divertirse, pero tenemos que tener tiempo para dedicarle al seguimiento de Jesús.
         Jesús nos invita a seguirle de múltiples maneras, en el matrimonio, el sacerdocio, la vida consagrada etc…pero para eso tenemos que buscarlo, hacer oración y por supuesto celebrar la eucaristía que es lo más importante.
Un cristiano sin eucaristía es como un enfermo que no se toma la medicación pautada por su médico.
Ya sé que son tiempos difíciles y  no está de moda ir a misa, confesarse etc…pero de verdad que merece la pena celebrar los sacramentos, ya que, con ellos harás presencia de Cristo en el lugar donde te mueves , trabajo, murga, equipo de fútbol etc...
          En mis tiempos de catequista de jóvenes les recalcaba mucho el actuar como verdaderos cristianos en todos los momentos de la vida, por eso les invitaba a que hicieran comunidad parroquial porque el compartir la fe con otros hermanos tuyos nos enriquecía a todos.
          Desde estas humildes palabras de un servidor
te invito a ti joven de Agüimes que te acerques a la
parroquia y celebres la eucaristía para que descubras el gran regalo que nos dejó el Señor.
          
           Hasta pronto.


        “Yo soy el Pan de Vida”.
Realizado por: Carmelo Guerra Sánchez.


      

Recientemente se han iniciado 
las obras de restauración de las puertas laterales y las ventanas de la parte inferior de la  trasera de  nuestro Templo. Se pretende dejarlas como las de la fachada.
        Estas obras están siendo posibles gracias a una nueva subvención del Iltre. Ayuntamiento de nuestra Villa de Agüimes.


   Agradecemos esta importante aportación en la mejora del edificio más significativo de nuestra Villa por estar considerado como Monumento                                             Histórico Artístico.


                                  ¡¡¡ GRACIAS !!!
ALIVIAR EL SUFRIMIENTO.


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FELIZ PASCUA A TODOS 2017

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XII JORNADAS DE TEOLOGÍA."La educación ¿un bien común a repensar?

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JESÚS VIVIÓ ENTRE NOSOTROS.

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