2º.Reflexión de Cuaresma de nuestro párroco el Rvdo. Don Miguel Ant. Lantigua Barrera.


 Ha comenzado la Cuaresma y vamos a tener este apartado nuevo dedicado a la reflexión.

Una reflexión para cada semana de cuaresma realizada por nuestro párroco el Rvdo.Don Miguel Ant. Lantigua Barrera, deseando que les sirva para el discernimiento interior, aquí les dejamos la primera.

2º Reflexión semanal.

ACTITUDES PARA VIVIR LA CUARESMA


1. La alegría: La cuaresma también es tiempo de alegría. Tenemos la impresión que la cuaresma es seriedad y tristeza, solo privaciones y sacrificios. La alegría de la cuaresma está marcada precisamente por la ilusión de cambiar, de renovarnos, por la posibilidad de hacer brotar algo nuevo en cada uno de nosotros.

2. La Conversión: No podemos hablar de cuaresma sin hablar de conversión. No podemos renovarnos sin iniciar un camino de renovación. Todos estamos necesitados de conversión. Y la conversión de la que nos habla Jesús no es algo forzado. Es un cambio que va creciendo en nosotros en la medida que vamos cayendo en la cuenta que Dios es alguien que nos quiere y desea hacer nuestra vida más feliz. No es dejar de vivir sino descubrir al Dios para el que vale la pena vivir. Más que esforzarnos por convertirnos es dejar que Dios nos vaya convirtiendo.

3. La oración: Cuaresma también es tiempo de oración, de buscar y dedicar tiempo a la oración, al silencio, a entrar en sintonía con Dios En nuestra vida actual normalmente vivimos entre ruidos y con mil preocupaciones, no hay silencio ni tiempo para pararnos a hablar y a escuchar a Dios. Necesitamos pararnos para escuchar a Dios, para dejar que Él nos hable. Una oración que ante la realidad de nuestra vida no nos desanime sino nos haga caminar alegres y esperanzados.

4. La Palabra de Dios: Cuaresma es tiempo de evangelio. Si siempre la Palabra de Dios debe estar presente en nuestra vida, en estos días de forma especial. Ahora es tiempo propicio para leer y reflexionar la palabra de Dios y desde ella tratar de revisar y programar nuestra vida.

5. La vivencia comunitaria: El profundizar en el evangelio nos lleva a no plantearnos la vida desde el individualismo sino desde la relación con los demás. La fe tiene que ser vivida y compartida. En cuaresma debemos hacer camino juntos hacia la Pascua. Podemos tener el peligro de vivir la cuaresma de forma intimista e individualista.

6. La humildad: Nos cuesta muchas veces aceptar nuestra debilidad, nuestros fallos, nuestro pecado. Nos resistimos a aceptar que somos de barro. Nuestra experiencia es también la de San Pablo cuando decía “hago el mal que no quiero y no hago el bien que deseo”.

7. La vigilancia: Tenemos que reconocer que nuestro mundo hoy nos adormece, nos “droga”. Nos droga con el consumo, con la comodidad, con el deseo de tener, con el poder, con el prestigio y otras tantas cosas. Nos lleva a no pensar, a vivir sin valores, sin plantearnos nada, sin complicarnos la vida. Nos hace bajar el listón de las exigencias, suavizar el evangelio. “Estén en vela” nos dice continuamente Jesús en el evangelio. Un medio de estar en vela es pararnos de vez en cuando a pensar, a reflexionar, a revisar nuestra vida. . Necesitamos reflexionar para ser libres.

Defectos que debemos evitar:

-La rutina y la monotonía: evitar vivir la cuaresma repitiendo ritos y costumbres y no acabar de entender que Dios es siempre distinto, es sorpresa, quiere aportarle novedad a nuestra vida.

-El pesimismo: El pesimismo nos lleva a desconfiar de la fuerza salvadora de Dios, de que Dios hace posible lo imposible (Mat.19,26) Pensamos que: “ya no vamos a cambiar”; “lo hemos intentado tantas veces”; “siempre he sido así”; en el fondo es un pesimismo que nos viene por atribuirnos la fuerza para cambiar y no confiar en el Dios que no salva, en el Dios que nos puede hacer nacer de nuevo.

-La cobardía: el miedo a enfrentarnos a nosotros mismo, a nuestra propia realidad personal y el miedo a encararnos con Jesús y con su evangelio y a sus exigencias. Es quedarnos en la mediocridad y no lanzarnos a la aventura de buscar y responder a lo que Dios quiere.

-La sordera: es esa incapacidad que se va creando en nosotros para escuchar a Dios, para entrar en diálogo personal con él. La sordera que nos impide personalizar la palabra de Dios. Ser capaces de oír un “a ti te lo digo”

Cada uno puede descubrir desde su experiencia personal que realidades le pueden impedir vivir con profundidad y alegría esta cuaresma.
Miguel Ant. Lantigua Barrera

 

1º Reflexión semanal.

La cuaresma es una oportunidad que nos brinda la liturgia de la Iglesia, tratemos de vivirla en toda su riqueza. Riqueza que nos llega por la Palabra de Dios, por las celebraciones, por la oración de la comunidad, por lo que los demás nos aportan y sobre todo por la acción salvadora de Dios. Con frecuencia seguimos asociando la cuaresma a viejas normas y a costumbres que hoy nos resultan pesadas y sin mucho sentido. Es importante que vivamos esta cuaresma con nueva ilusión. Ilusión ante la oportunidad que Dios nos da para renovar nuestra vida, para disfrutar más de Él, para vivir de una manera más humana y más feliz.

Dios quiere renovarnos, quiere rejuvenecernos, no quiere dejarnos envejecer. Normalmente pensamos que nuestra vida se envejece con el paso de los años, pero quizás no sean los años lo que más envejezcan nuestra vida. Nos envejecemos cuando no tenemos ilusión ni esperanza, cuando pensamos que ya nada puede cambiar, cuando nos resistimos a renovarnos. En esta renovación no importa la historia de nuestra vida. No olvidemos que Dios es capaz de escribir recto en los renglones torcidos de nuestra historia.

Los actos y las costumbres se repiten pero la acción de Dios siempre es distinta. Lo que el Señor nos está pidiendo, lo que Él quiere hacer en nosotros es diferente. Por eso la Cuaresma puedes ser una oportunidad para:
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Encontrarnos con el Señor de una forma más viva, más profunda, más intensa. Con frecuencia nuestra relación con Dios es una relación rutinaria, sostenida por costumbres: rezar, venir a misa, etc. No es una relación de afecto, de necesidad de Dios, de ilusión por Dios. Necesitamos enamorarnos del Señor, progresar en esa relación afectiva.
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Ilusionarnos por vivir el evangelio. El evangelio no acaba de ser la pasión de nuestra vida. Escuchar, leer, meditar, orar el evangelio para ir, poco a poco, haciéndolo vida. Con frecuencia el evangelio no es referente a la hora de actuar, de decidir, etc. Nuestra vida se va alejando del evangelio. Con frecuencia llevamos una doble vida: la de nuestra relación con Dios y la que vivimos cada día lejana al evangelio. La cuaresma nos invita a convertirnos al evangelio. Es la invitación del gesto de la imposición de la ceniza: “Conviértete y cree en el evangelio”. Necesitamos evangelizar nuestra vida. Evangelizar nuestra vida es tratar de vivirla con el estilo de vida de Jesús. Que en nuestra manera de pensar y de actuar refleje el mensaje de Jesús.
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Mejorar nuestras relaciones con los demás. En la vida de cada día las relaciones con los demás se mejoran o se deterioran. Desde la clave de la fe deben responder al precepto de Jesús: amar a los demás, amarle como a nosotros mismos y amarle no de palabra sino con obras.
Necesitamos cambiar nuestro mundo: el de nuestra familia, amigos, vecinos, etc.
El Papa Francisco, en su mensaje de cuaresma nos invita a vivir la Cuaresma como camino de conversión, de oración, y de compartir nuestros bienes, Nos hace una llamada a fortalecer la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.
Una fe que nos lleva a escuchar su palabra y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.
Una esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino.
En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, el tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a Dios, que sigue cuidando de nosotros.
En esta Cuaresma, estemos más atentos a decir palabras de aliento, que reconforten, que fortalezcan, que consuelen, que estimulen, A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia.
Una caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.
La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado, solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.
La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad.
Vivamos con ilusión esta cuaresma, aprovechemos esta oportunidad Dios para avanzar en nuestra vida cristiana y respondamos a la invitación del Papa a vivirla desde la fe, la esperanza y la caridad
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Miguel Ant. Lantigua Barrera