Adviento, la gozosa espera que nos transforma. Carmelo Guerra Sánchez.29/11/25
El Adviento es el tiempo litúrgico que marca el inicio del año cristiano. Es una llamada a la esperanza y a la conversión.
La Doble Dimensión del Adviento: Espera y Conversión.
El corazón del Adviento es la actitud de esperar activamente. No es una espera pasiva, sino una vigilia que se traduce en obras. La liturgia en este tiempo nos invita a:
Recordar el pasado: Meditar sobre la espera del Mesías por parte del pueblo de Israel.
Celebrar el presente: Reconocer la presencia de Cristo en el "hoy" de nuestras vidas, especialmente en la Eucaristía y en los hermanos.
Proyectar el futuro: Estar preparados para su venida final.
Este tiempo es, por excelencia, un camino hacia la conversión, que nos exige enderezar los caminos de nuestra vida para acoger al Señor que viene.
El Adviento ilumina de manera especial la vida de nuestra parroquia y nos llama a tender puentes de caridad y a renovar nuestra fe en comunidad.
Adviento y los Enfermos: La Esperanza en el Sufrimiento.
Los enfermos de la parroquia representan a aquellos que viven la espera en una dimensión particular de fragilidad y sufrimiento.
Para el enfermo, el Adviento es una invitación a mantener la lámpara de la fe encendida, confiando en que el Señor que viene es el Sanador y el Consolador.
Para el resto de la comunidad, el Adviento nos llama a ser signos visibles de la cercanía de Cristo para ellos. Visitar, acompañar, orar y ofrecerles la Comunión (Eucaristía) es vivir el Adviento, reconociendo a Cristo que sufre en el cuerpo del hermano. Ellos nos recuerdan la ventaja de lo esencial y el valor de la vida eterna.
Adviento y los Sacramentos: El Camino de la Preparación.
El Adviento es el tiempo propicio para redescubrir el valor central de la vida cristiana:
1.La Llamada a Vivir la Eucaristía
La Eucaristía es el culmen de la vida cristiana y el encuentro con Cristo que ya ha venido, que viene y que vendrá.
Cada Misa es un "pequeño Adviento," pues es la celebración de la venida real y presente de Jesús. Vivir el Adviento significa participar con mayor fervor en la Misa, reconociendo que el Pan Consagrado es la máxima manifestación del Dios-con-nosotros (Emmanuel) que estamos esperando.
Al recibir a Cristo, somos impulsados a llevar esa luz y esperanza a los demás, especialmente a los enfermos y necesitados de la parroquia.
2. La Llamada a Vivir el Sacramento del Perdón (Reconciliación)
La conversión es la base de la preparación de Adviento, y el Sacramento del Perdón es el medio privilegiado para allanar los caminos de nuestra alma.
El Adviento nos recuerda las palabras de San Juan Bautista: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos” (Mc 1, 3). La confesión nos permite limpiar el corazón de todo aquello que impide que Jesús nazca plenamente en nosotros.
Recibir el perdón de Dios es experimentar la gracia de la nueva creación y poder empezar de nuevo, listos para acoger con pureza de corazón la Navidad.
El Adviento es, en definitiva, un tiempo de gracia comunitaria que nos saca de la rutina para invitarnos a la conversión sincera a través de la caridad, la oración y la vida sacramental. Nos urge mirar hacia Belén con esperanza, hacia el prójimo (personas mayores, enfermos y jóvenes) con caridad, y hacia la Eucaristía y la Confesión con fe, para que Cristo encuentre un corazón bien dispuesto a acogerle.
Les deseo un feliz Adviento para todos.
Hasta pronto.
Carmelo Guerra Sánchez
29/11/2025
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