Cuaresma: Tiempo de volver al corazón de Dios. Carmelo Guerra Sánchez.18/02/2026.


La Cuaresma es un camino. No es solo un tiempo de sacrificios externos, sino una oportunidad para volver al corazón de Dios y dejar que Él vuelva a entrar en el nuestro. Es un desierto que no nos deja solos: Dios camina con nosotros, incluso cuando estamos cansados, heridos o desanimados.

En este camino queremos mirar de manera especial a los enfermos. Ellos viven una Cuaresma permanente: el dolor, la limitación, la incertidumbre. Y, sin embargo, su vida es un testimonio silencioso de fe. Cuando todo parece frágil, su confianza en Dios nos recuerda que la conversión no siempre consiste en “hacer más cosas”, sino en aprender a confiar más, en dejarse amar incluso en la debilidad. Ellos nos enseñan que también desde la cama o desde el sufrimiento se puede amar, ofrecer, perdonar y creer.

También miramos a los jóvenes, que buscan sentido, futuro y felicidad en un mundo que a veces confunde libertad con vacío. La Cuaresma les dice: no tengas miedo de cambiar de rumbo, no tengas miedo de dejar lo que te aleja de Dios. Convertirse no es perder la alegría, es encontrarla de verdad. Cristo no viene a quitarles nada, sino a darles una vida más grande, más limpia, más luminosa.

En este tiempo resuena con fuerza la llamada al perdón. No hay conversión verdadera si seguimos cargando rencores, heridas no sanadas, palabras que nunca pedimos perdón. Perdonar cuesta, pero libera. Es un acto profundamente cristiano: dejar que Dios quite la piedra del corazón para que vuelva a latir con ternura. Perdonar no borra el pasado, pero transforma el futuro.

La misericordia es el rostro más bello de Dios en la Cuaresma. No es un juez con una lista de errores, sino un Padre que sale al encuentro del hijo cansado. Nos espera tal como somos, pero no para dejarnos igual, sino para levantarnos. La misericordia no justifica el pecado, pero sí da esperanza al pecador. Nos recuerda que siempre hay un comienzo nuevo posible.

Y así llegamos a la conversión: no como miedo, sino como regreso. Convertirse es cambiar de dirección: pasar del egoísmo al amor, de la indiferencia a la compasión, de la dureza al corazón sensible. Es aprender a mirar como mira Jesús: al enfermo con ternura, al joven con esperanza, al que ha caído con misericordia.
Que esta Cuaresma sea un tiempo donde:

-los enfermos se sientan acompañados,

-los jóvenes descubran que Dios cree en ellos,

-el perdón sane nuestras relaciones,

-la misericordia sea más fuerte que el juicio,

-y la conversión nos acerque más a la Pascua.

Porque al final del camino no está la cruz sola, sino la Resurrección. Y toda conversión auténtica siempre termina en vida nueva.
Feliz Cuaresma a todos.
Carmelo Guerra
18/02/2026