Oración semanal...













Hijo mío,
no te rindas,
por favor no cedas…
aunque el sol se esconda y se calle el viento…

Gracias, Padre,
por el amor con que me envuelves,
por la alegría que hallas en cada uno de nosotros,
porque miras con cariño mi fragilidad,
porque te abajas hasta mí para comprender lo que soy
y empujarme a una vida mejor.

Hijo mío,
no te rindas,
porque aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños…
porque cada día es un comienzo nuevo…

Gracias, Padre,
porque estoy alegre a pesar de mis trabajos y preocupaciones;
estoy alegre con la alegría profunda de saberme hijo tuyo
y hermano de todos los hombres.
Gracias, Padre,
porque mi corazón aún se estremece y llora
por cada hermano que sufre, lucha y sueña
que la vida puede ser de otra manera.

Hijo mío,
no te rindas,
porque cada día es un comienzo nuevo…,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estás solo,
porque YO te quiero.

Gracias, Padre bueno. Amén.


Sobre un texto de Mario Benedetti.